17.11.2019
Mente

Victimizarse es una forma de autosabotaje

Mariana Valenzuela

Victimizarse es algo muy de Latinoamericanos. Vamos por la vida lamentándonos cuando las cosas no salen como esperábamos. Es incómodo decirlo pero como sociedad tenemos una mentalidad mediocre y conformista. Nuestras ideas negativas sobrepasan las positivas cuando se trata de afrontar la realidad. Es como si tuviéramos una predisposición a programar nuestra mente de tal forma que juguemos siempre el papel de víctima como forma de autodefensa, porque es más fácil poner cara triste y decir que la vida nos escupe que tener los huevos de salir adelante por nuestra cuenta a pesar de las adversidades.


Incluso decimos pendejadas como que “a la gente buena nos pasan cosas malas”. Entregamos esperando recibir. Creemos que por ser “buenas personas” automáticamente merecemos que la vida nos llene de las cosas que deseamos. Nos volvemos víctimas y armamos todo un drama de hueva si no nos va como esperamos. Nos quejamos, echamos veneno y nos victimizamos. Seguimos con esta mentalidad negativa y de esa manera nos autosaboteamos.


Hay que cambiar nuestra forma de pensar y de ver la vida; adoptar una narrativa positiva y ser “buenos humanos” por nuestros propios huevos, no porque esperamos que el universo nos premie por eso. Si haces las cosas por amor, por buena vibra y por ti mismo, aunque el mundo sea terrible y solo te devuelva mierda, sientes que las cosas mejoran. 

La clave está en que tu motor sea el amor propio 


Que tu emoción por vivir y llegar a tu plenitud venga de tu interior, le pese a quien le pese y pase lo que pase. Cuando eso pasa, la motivación sale sobrando. La gente más chingona del planeta no vive motivada, sino tiene un porqué muy profundo. Esas personas tienen su motor encendido aunque las cosas no vayan como lo esperan, y siguen echándole ganas para llegar a donde quieren. Checa la historia de Humberto Ramos, ilustrador de nada más y nada menos que The Amazing Spiderman para que veas qué sucede cuando alguien sigue si porqué en la vida. 


De los errores se aprende. No es pérdida de tiempo porque aprendemos. Nadie te roba nada porque nadie es como tú. Lo de afuera es cada vez más replicable. Por eso, en la vida en general y en los negocios, lo que tenemos que hacer es sacar nuestra esencia, ser vulnerables y auténticos. De esta forma, la gente se queda contigo. Muéstrales eso que te hace único, que no encontrarán en ningún otro lugar. Hazles ver que nadie es tú y por lo tanto nadie les va a ofrecer lo que tú.


Victimizarse es no quererse. Mejor cuéntate historias chingonas


A veces el ego nos cuenta historias que nos detienen o nos hacen dudar incluso de nuestras capacidades. Deja de darle tanto poder. Cuéntate historias felices que pesen más que las de tu ego y trabájalas hasta que sean ideas arraigadas en tu cerebro y te permitan ver las cosas desde un perspectiva más positiva. De esta forma podrás cambiar tu chip y enfrentar mejor los retos que se te presenten en tu negocio o en la vida. 


Cambiar nuestra mentalidad genera un cambio en nuestra manera de reaccionar ante las adversidades; es cuestión de práctica. Es como cuando vas al gym: al principio empiezas con poco, pero con constancia y disciplina vas logrando cargar cada vez más peso. Conforme pasan los días y sigues entrenando, vas notando mejoras en tu cuerpo. Lo mismo pasa con la mente cuando de manera constante le metemos ideas positivas. Eventualmente vamos reaccionando mejor ante las situaciones y nos levantamos cada vez más fácil y rápido cuando algo no sale tan bien como queríamos. 


Contarte historias chingonas es importantísimo. Atrévete a ver más allá de tus errores. Deja de pendejearte si las cosas no salen como esperabas o si los demás no respondieron como querías. Si haces las cosas de corazón, sin esperar a que otros te den algo a cambio, entonces lo que hiciste valió la pena independientemente de los resultados. 


La gente no ama; condiciona. Estamos acostumbrados a dar esperando recibir. Y si no recibimos lo que queremos, hacemos un drama. Por otro lado, cuando haces las cosas desde el amor, te entregas al máximo y no te sientes la víctima ni te pendejeas. No te arrepientes ni deseas devolver el tiempo. Simplemente aceptas la cosas que pasaron y estás dispuesto a aprender de ellas, tanto de los errores como de las cosas que salieron como esperabas. 


Hay que renombrar las creencias y cambiar la forma de contarnos las cosas, tanto a nosotros mismos como a los demás. En vez de decir que alguien “te traiciona”, di que esa persona “se traiciona”. No dejes que tu vida esté en manos de alguien más. Sólo tú tienes el poder de decidir cómo te sientes respecto a lo que ocurre a tu alrededor. Deja de ponerte como víctima porque eso es darle poder al otro sobre ti. Nadie es dueño de tu esencia, únicamente tú lo tienes.


Ten los huevos de creer en ti

Todo en la vida son creencias. Aunque se basen en datos, al meterlas al cerebro se vuelven creencias. Y el chiste es contarte historias que te hagan sentir bien, que te hagan creer en ti, en lo que eres capaz de lograr con base en tu amor propio. 


Mentalízate para afrontar la vida como venga. Llena tu cabeza con ideas positivas en lugar de seguir metiéndole mierda que solamente te jode. Victimizarse es sinónimo de practicar autosabotaje. Mejor aduéñate de tu mente y deja de una vez por todas el pinche papelito de víctima. Sólo así lograrás abrirte a tu luz



Mariana Valenzuela
Siempre he querido cambiar al mundo y al escribir me siento superpoderosa. Soy muy yo: cursi, feminista, entregada y fan de lograr cosas que parecen imposibles. Espero nunca se me quite lo terca.
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mariana@tevasamorir.comhttp://www.tevasamorir.com

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