29.5.2020
Cuestionamientos

Te amo, pero necesito espacio: el otro lado de vivir en pareja

Mariana Valenzuela

En muchos de los cuentos y las películas nos enseñan que el “y vivieron felices por siempre” involucra encontrar el “amor verdadero”. Y con eso se refieren al amor romántico (¿y el amor propio?). Nos pintan el vivir en pareja como algo color de rosas y lleno de romanticismo. Tanto así, que cuando llegamos al punto de la vida en que decidimos emprender ese camino de dos (o de tres o de más, por aquello del poliamor) tenemos la idea de que será como ese final feliz que describen en las historias románticas. 


A veces la realidad que vivimos en pareja se parece más a La Familia P. Luche que a los cuentos de hadas. No es que siempre nos llevemos del chongo, también hay muchos “te amo” y momentos inolvidables que nos llenan de paz y nos aceleran el corazón. Pero no dejamos de ser humanos, y ni todo el amor que nos tengamos los unos a los otros evitará que existan roces entre nosotros. En especial cuando estamos juntos 24/7. 


No me malinterpretes: soy fan de la cursilería del amor “romántico” Estar enamorados y compartir nuestros días con nuestra pareja me parece algo chingón. Pero eso no significa que todo sea miel sobre hojuelas. En ocasiones “te amo y me encanta estar contigo” se transforma en “te amo, pero necesito mi espacio”. 


Dos manos separándose sobre fondo blanco

Nadie nos dio instructivo para vivir en pareja, mucho menos en cuarentena


Al mudarnos a vivir en pareja experimentamos un cambio muy drástico en nuestra relación. Antes de todo esto, solo nos veíamos un rato en las mañanas, a veces durante la comida, y en la noche después del trabajo. Los fines de semana eran el momento de aprovecharnos al máximo y convivir más de cerca para compensar un poco el tiempo que no nos vimos durante la semana. Pero de pronto nos vimos en la necesidad de convivir más tiempo de lo que esperábamos. 


Y nadie nos dio instructivo para saber cómo hacerle. Resulta que coexistir bajo el mismo techo durante un chingo de tiempo puede llegar a estar más cabrón de lo que parece. 


Ahora estamos juntos prácticamente siempre que estamos en casa. Al principio para muchos es algo muy lindo. Por fin tienen tiempo de estar juntos, sin las prisas de no llegar tarde al trabajo ni el estrés del tráfico. El cachondeo está al cien y la relación se fortalece cada día que pasan juntos. Pero luego se van presentando cosas propias de la convivencia, de trabajar desde casa, asumir nuevos gastos, etcétera; las cuales van complicando la relación diaria. 


Van los problemas uno a uno:


Cuando ambos trabajamos desde casa


Uno de los puntos más problemáticos es cuando a ambas partes les toca hacer home office. Como la mayoría no estamos acostumbrados a este tipo de trabajo desde casa, no contamos con los lugares adecuados para trabajar cómodamente. Y realizar una jornada completa en el comedor o sentados en la sala, desgasta mucho más de lo que imaginamos. Además, como ahora las videollamadas son nuestro pan de cada día en lo laboral, sucede que mientras uno está en llamada, el otro debe asegurarse de no hacer mucho ruido para no interrumpir. Y si toca que ambos tengan videollamada al mismo tiempo, cada quien se va a algún punto de la casa donde no se interrumpan tanto, pero a veces no deja de ser incómodo. Si hay niños de por medio, la cosa se pone más difícil. Los niños lloran, gritan, juegan: son ruidosos por naturaleza. Y en un mundo ideal hay silencio mientras trabajamos, en especial durante las videollamadas. 


Cuando eso no pasa, si no sabemos controlar nuestras emociones, nos ponemos tensos e irritables ante las interrupciones a nuestro trabajo. No por sangrones ni por amargados, sino porque queremos hacer las cosas bien y evitarnos regaños en el trabajo. Entramos en pánico más de lo usual, y a como se ve el panorama económicamente hablando, tener problemas en el trabajo no suena para nada a una buena idea. 






La falta de privacidad


Vivir en pareja es lindo, pero estar 24/7 bajo el mismo techo, aunque sea con la persona a quien tanto amamos, hace que encontrar espacios de privacidad no sea tan sencillo.


Una cosa es compartir espacio, y otra muy distinta no tener un lugar para disfrutar el tiempo con nosotros mismos. Cosas simples como andar desnudos después de bañarnos, masturbarnos, ver una serie en silencio, o tan sólo estar un rato sin convivir con nadie, se vuelve casi una misión imposible en la cuarentena (especialmente si la casa es pequeña). ¿Pa’ dónde nos hacemos si estamos donde mismo todo el día, todos los días?



La idea de tener que hacer todo juntos


Nadie nos enseña a vivir de a dos. Lo más cercano a información al respecto es lo que nos cuentan otras parejas o lo que nos dicen al casarnos sobre estar juntos en lo próspero y en lo adverso, blah blah. Nuestra cultura occidental tiene muy arraigada esta idea de “amor romántico”. Según expertos en Psicología, este concepto lo hemos aprendido a través de distintos procesos de socialización y se ha vuelto una percepción colectiva en vez de un sentimiento que cada quien viva y explore a su manera. 


No se dice nada sobre aprender a ser humanos por separado mientras fortalecemos nuestra relación de pareja. El sólo intentarlo nos hace sentir culpables, como si tuviéramos una etiqueta de “egoísta”, “malagradecido” o cualquier cantidad de adjetivos negativos que derivan de querer pasar un poco de tiempo aparte. 


Nos creemos esa idea de tener que hacer todo juntos, aunque no sea lo que preferimos. La asumimos como nuestra verdad, sin cuestionarla. Por lo tanto hacemos cosas que no queremos, sólo porque “debemos” hacerlas. Y nos engañamos tanto a nosotros como a nuestra pareja, pretendiendo que está todo bien cuando por dentro solo queremos salir corriendo o tener una lámpara mágica que nos conceda un día en una isla desierta donde no tengamos que convivir con nadie. 





Tú aquí, y yo allá, aunque estemos bajo el mismo techo


Por experiencia propia y por lo que investigué para escribir esto que estás leyendo, darnos espacio mientras vivimos en pareja es lo más sano para el bien mental de ambas partes, y para no darle en la madre a la relación. 


Algunas de las recomendaciones que encontré y que tal vez pueden servirte si estás viviendo con tu pareja, son las siguientes:


  • Tener rutinas separadas


Cuando cada quien tiene sus propias actividades (aún dentro de la misma casa), aliviana la convivencia diaria. Eso no quiere decir que no coincidan en todo el día o que se eviten. Simplemente a muchas parejas nos ha resultado liberador que cada quien tenga sus rutinas. Por ejemplo, mientras uno lee algo en su cuarto, el otro ve una serie en la sala. 


  • Asignar lugares para cada quien


Este punto va un poco de la mano con el de tener rutinas separadas. No solo se trata de tener actividades propias, sino de contar con espacios que sintamos muy nuestros, de forma individual. Si ambos trabajan tiempo completo, traten de no estar los dos en la misma habitación durante su jornada laboral. Tal vez suena lógico, pero es algo que a algunas parejas se les complica. A veces gana el creer que debemos estar siempre juntos, y no se asignan esos espacios físicos personales. 



  • Ser directos y transparentes


Una buena comunicación en pareja ayuda a no guardarnos cosas por miedo a herir o molestar al otro. Y de esta forma ambas partes pueden hablar de sus sentimientos, de lo que les gusta y lo que no y expresar sus necesidades de forma clara. Si de repente sientes que extrañas a tu pareja porque no te pela en todo el día aunque vivan juntos, díselo. Si sientes que te asfixia que esté encima de ti siempre, díselo. Si tienes una nueva idea de qué podrían hacer para disfrutar ma´s el tiempo juntos, díselo. Son equipo, ayúdense a seguir creciendo juntos, de a dos y por separado. 


  • Encontrar momentos para disfrutarse el uno al otro


Tampoco se trata de estar buscando la forma de que cada quien esté en su rollo. Darse momentos para apapacharse y para demostrar que ahí están el uno para el otro, nutre la relación. Dense un break de unos 10-15 minutos entre chama para platicar sobre su día, para cachondear o para simplemente existir juntos. Busquen actividades que puedan disfrutar juntos en sus tiempos libres, cuando ambos quieran convivir. 


Diferencia entre “te amo” y “me amo”

El “amor romántico” que tenemos como guía para nuestra vida en pareja, está hasta cierto punto peleado como el amor propio. Querer unos momentos al día en soledad, especialmente cuando vivimos 24/7 en pareja durante una pandemia mundial, no significa amar menos, ni amar peor, ni ser egoísta. Lo veo como un reflejo de la necesidad que tenemos por tener un pedacito de tiempo para estar con uno mismo y cultivar nuestro amor propio. 


De hecho me parece que es todo lo contrario: tachar de egoísta al otro por querer buscar un tiempo para sí mismo, implica una demostración de ego mucho más fuerte. Hacerla de pedo por eso incluso podría considerarse violencia psicológica.


Buscar espacio personal en la vida en pareja sí es importante. No sólo lo digo yo. Ni que fuera quién chingados. Los expertos en Psicología dicen que “el espacio personal es fundamental en cualquier relación”. Ayuda a fortalecer aspectos importantes como el respeto, el crecimiento personal y la individualidad.  


Se puede decir “te amo” de todo corazón, a conciencia, sin tener afán de estar todo el día pegados. El amor más puro es el amor propio, y para fortalecerlo hay que estar en conexión con uno mismo, aunque eso requiere apartarnos a ratos de quienes amamos. Teniendo fuertes las bases de el amor por uno mismo, nos será más fácil amar a nuestra pareja. 


Lograrlo no es tan fácil. Requiere un chingo de trabajo. Si te interesa, investiga, cuestiónate, busca formas de aprender más al respecto. Una opción es el curso “El Amor Según Yo”, de Diego Dreyfus. Si te late, da click aquí para más información. Si no, no hay pedo. Encuentra la forma que a ti personalmente te funcione mejor para cultivar tu amor propio. Eso te ayudará para estar en paz contigo y con tu pareja o con quien sea. 








Mariana Valenzuela
Siempre he querido cambiar al mundo y al escribir me siento superpoderosa. Soy muy yo: cursi, feminista, entregada y fan de lograr cosas que parecen imposibles. Espero nunca se me quite lo terca.
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mariana@tevasamorir.comhttp://www.tevasamorir.com

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