7.2.2020
Mente

¿Qué carajos es la conciencia?

Mariana Valenzuela

¿Ubicas que cuando alguien va a tomar una decisión en las caricaturas, hay un angelito y un diablito echándose un round pa’ convencer a la persona de hacer “lo bueno” o “lo malo”? ¿O Pepe El Grillo aconsejando? ¿La mentada “voz interior”? ¿La idea de que “si haces algo bueno te vas al cielo y si no, vas directito al infierno”? Ah, pues así mero funciona la conciencia en la vida real. 

Conciencia es eso que nos hace saber lo que para nosotros es aceptable y lo que no; lo que vale la pena y lo que debemos evitar por nuestro bien y por el de los demás. 

Me gusta asociar la palabra “conciencia” con “deber ser”. La conciencia es la manera que cada persona juzga y comprende a la sociedad y a sí mismo. Se relaciona con la moralidad, la religión, las experiencias personales, la educación y muchos otros factores. Es un concepto que vamos construyendo a partir de lo que la sociedad nos dicta y de nuestras condiciones de vida. O sea que no nacemos con conciencia, sino la vamos formando conforme nos van enseñando “qué está bien” y “qué está mal”. La sociedad moldea nuestra conciencia, nuestra forma de ver la vida. 

Según tu conciencia, será la forma en que reacciones antes la cosas. Dependiendo de cuál sea tu noción del “deber ser”, juzgarás tus actos y los de otros. 

Blanco o negro: “lo bueno” y “lo malo”.

Hombre en las montañas haciendo reflexión a conciencia
La conciencia va más allá de "lo bueno" y "lo malo".

Creo que la vida es muy variable y los humanos muy diversos como para polarizar las cosas en “bien” o “mal”. Las cosas no se dividen en blanco y negro; hay toda una gama de colores en medio. Por eso no entiendo qué pinche necesidad de meternos esa dualidad a la cabeza desde chicos. Nos orillan a juzgarlo todo en esos dos opuestos, tanto a otros como a nuestras propias acciones o pensamientos. 

Y peor aún: nos enseñan que son dos conceptos universales, sin espacio a otras interpretaciones. “Lo que está bien, es bueno, y lo que está mal, es malo; y punto”, cuando en realidad, como dicen por ahí, cada cabeza es un mundo. Lo que para mí es aceptable, para ti tal vez sea una aberración; o tal vez pensemos igual en muchas cosas, pero nunca coincidiremos en todas nuestras creencias. Simplemente por el hecho de que cada quien tiene su propia vida, sus miedos, sus traumas, sus momentos felices; su propia luz y su propia mierda, las circunstancias de otro jamás serán las mismas que las tuyas. Por eso me resulta absurdo esperar que todos tengamos la misma conciencia.


La conciencia va de la mano con la empatía.

El problema con la conciencia es que tenemos esa dualidad entre el “bien” y el “mal” tan arraigada, que nos cuesta un chingo de trabajo ver las cosas de forma objetiva. Defendemos a capa y espada nuestra forma de ver la vida y no estamos abiertos a otras interpretaciones.

Usualmente nos llevamos con gente que piense parecido a nosotros, que tenga la conciencia más o menos como nosotros. A veces lo hacemos por elección, y muchas otras porque las personas con las que convivimos y son de nuestro mismo círculo social, suelen tener una vida muy similar a la nuestra; por lo que la conciencia también funciona prácticamente bajo los mismos estándares (al menos en lo general). Entonces estamos tan acostumbrados a juzgar el “bien” y el “mal” de cierta forma, que resulta casi imposible pensar en abrir nuestra mente. 

Mujer reflexionando a conciencia, sentada en un café
Conciencia: nuestra forma de ver la vida.


La empatía juega un papel muy importante en la forma en que nos habla el angelito y el diablito en nuestra mente. Si nos ponemos en el lugar del otro, por más distinta o parecida que sea su realidad, podremos al menos tratar de comprender sus razones, sus motivos y su forma de sentir. Así dejaremos de juzgarlos tan fuerte porque los entenderemos mejor, y tampoco haremos cosas para dañar al prójimo. 

Por ejemplo, una persona no empática pensaría que un secuestrador es alguien “malo”. Así, de un jalón y sin medias tintas. Alguien empático no creería que hay personas “malas”, sino gente con condiciones de vida desfavorables o faltos de cariño y educación. Y muy probablemente la persona que desarrolló empatía, juzgará más leve a quienes de una u otra forma se salen de lo que la sociedad espera, de “lo bueno”, o “lo correcto”. 

Entonces, a la otra que te veas juzgando bien cabrón a alguien, recuerda que la conciencia es algo subjetivo. No te enganches ni te aferres a tus verdades. Mejor abre tu mente a la empatía y a nuevas formas de ver la vida. Viaja tu interior y aduéñate de tu mente

Mariana Valenzuela
Siempre he querido cambiar al mundo y al escribir me siento superpoderosa. Soy muy yo: cursi, feminista, entregada y fan de lograr cosas que parecen imposibles. Espero nunca se me quite lo terca.
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