24.4.2020
Crecimiento

¿Has pensado en los miedos comunes?

Mariana Valenzuela


Seguro no soy la única que tiene pequeñas (o grandes) crisis existenciales a raíz de todo el desmadre del Coronavirus. Justo antes de dormir es el momento en que la mente se pone en mi contra y empiezo a darle mil vueltas a asuntos que me angustian.

Hace unos días me puse a pensar en mi miedo más grande. Desperté con eso en mente y me entró el gusanito por descubrir cuáles son los miedos comunes. Como no me gusta quedarme con dudas, hice un experimento en mi Facebook con este post:


Según yo, viéndome optimista, esperaba unos 5 comentarios. Pensé que solamente algunos de mis contactos más cercanos pelarían mi post y que me iban a decir algo por encimita. ¿Cuál fue mi sorpresa? 46 personas respondieron mi pregunta, y varios se fueron muy al fondo en sus miedos. Algunos hasta comentaron en las respuestas de otros, diciendo que ellos temían lo mismo. Muchos de ellos son de esos que están en mi lista de Amigos en Facebook pero nunca hablamos ni interactuamos con likes ni nada, y no se conocen entre sí. 


Me pareció muy interesante ver cómo mi post fue una oportunidad para abrirnos a compartir esa parte tan vulnerable de nosotros como humanos. Sí: creo que los humanos somos hasta cierto punto miedosos por naturaleza. Es parte de nuestro instinto de supervivencia


En este artículo voy a hablar justo sobre esos miedos que a veces en tiempos difíciles (como en cuarentena) calan más, como si tocaran fibras más sensibles. Hablaré del concepto del miedo en sí, de qué provoca en nosotros y para qué nos sirve. Tomando el post como referencia, haré una lista de cuáles son algunos de los miedos comunes. Mi punto es entender que no tiene nada de “malo” sentir miedo. El chiste es no dejar que esa emoción tenga demasiada fuerza en nosotros.


Empecemos desde la base:

¿Qué es el miedo?

El miedo es una de las emociones básicas. Solemos considerarla como emoción negativa porque estamos acostumbrados a enfocarnos en los efectos adversos que provoca en nosotros, y dejamos de lado la forma en que sentir miedo nos ayuda a estar alertas y a reaccionar rápido, o a veces incluso nos impulsa a hacer mejor las cosas para evitar sentir esa emoción. Prefiero verlo así, como algo que me ayuda a sobrevivir, y no algo que me paraliza. 

persona sintiendo miedo


Los miedos no son motivo de burla

Me caga cuando la gente se burla de los miedos ajenos, como si no fuera una emoción válida y muy común. Pa’ empezar nadie tiene la superioridad moral como para juzgar al otro, pero mucho menos de algo tan sensible como lo que les causa temor. A ti qué te importa si me dan miedo las arañas, o la muerte, o la soledad. A mí me vale madre a lo que le temas tú o los miedos de los demás. No porque los minimice, sino porque no es mi pedo, y respeto lo que cada quien sienta. Creo que es cuestión de empatía.


¿Por qué no hacer menos los miedos (tuyos o de otros)? 

  • Porque los miedos no se eligen, simplemente se sienten

Piensa en una cosa a la que le temas. Tal vez ni recuerdas desde cuándo le temes o no sabes por qué te da miedo; o puede que a partir de un momento muy claro hayas desarrollado ese miedo (por ejemplo, que le tengas miedo a las alturas desde que un día de chiquito te partiste la madre desde unas escaleras muy altas). Sepas o no su origen, te parezca o no lógico que te provoque esa sensación incómoda, simplemente así lo sientes. Lo mismo le pasa a los demás. Está cabrón controlar los miedos. Se puede hacer trabajo interno para no dejar que esa emoción nos domine, pero no hay una varita mágica que hace que esa sensación aparezca o desaparezca de la nada. Estaría pocamadre que así fuera, pero eso no se puede en el mundo real.


  • Porque son aprendidos. Nos los enseñan desde que somos pequeños

La cultura influye en los miedos. La sensación de temor a veces es “heredada” de la sociedad en que vivimos. Me parece una mamada que nos infundan miedo desde niños porque creo que nos paraliza, pero así es la cosa. Por ejemplo, en Latinoamérica a las mujeres desde chiquitas nos enseñan a que nos dé miedo salir de noche a la calle. Digo, ese miedo sí se entiende hasta cierto punto, pero tampoco se me hace buen pedo que nos traumen desde chicas metiéndonos esa idea de que salir de noche es peligroso. En vez de eso, creo que sería más conveniente (en mi humilde opinión como mujer y como mamá de una niña) enseñarnos a defendernos, y educar a los hombres para que aprendan a respetar. Pero esa es otra historia. El punto es que ese miedo es aprendido de generación en generación, y por eso lo tenemos tan arraigado. 

¿Cuáles son los miedos comunes?

Basándome en mi post en Facebook y en lo que he investigado al respecto, va la lista de los miedos comunes en los latinoamericanos:


  • Nos da un chingo de miedo que se mueran nuestros seres queridos, o que les pase algo grave y no podamos hacer nada por ellos


Uno de los miedos más grandes que tenemos, es que les pase algo a las personas que queremos. De las 46 personas que comentaron en mi post, 29 dieron una respuesta relacionada con ese miedo. Nos acongoja la idea de que sean víctimas de la violencia o que se enfermen de gravedad y no poder hacer nada por ellos. Pero lo que más miedo nos da es su muerte. 


Sentimos que se nos acaba el mundo y nos da mucha impotencia el imaginar que se mueran, que sean víctimas de la violencia o que se enfermen de algo grave. Esto se ha intensificado mucho con el pinchi COVID-19 porque muchas personas están muriendo y las familias no pueden estar con ellos en sus últimos días, ni velarlos, ni nada.


Este miedo se debe a que somos una cultura muy familiar, muy apegada a nuestra gente. Y creo que justo ese es el problema: el apego. No digo que debamos ir por el mundo sin que nos importe ni nos afecte lo que le pase a quien queremos. Ni siquiera lo veo como algo posible. Pero hay que aceptar que nos cuesta mucho desprendernos de la familia, y dejarlos ir cuando llega el momento. Pocas veces hablamos a profundidad sobre el miedo a la muerte. Preferimos hacer como que el tema no existe, porque la muerte duele y no tiene solución; por eso le tememos. 



  • La inseguridad es un temor constante


No voy a entrar en detalles sobre cómo está el panorama en cuestiones de inseguridad en México, ni en Latinoamérica en general. Hablando como mexicana, entiendo totalmente a quienes tienen miedo a ser parte de una estadística más en cuanto a las muchas formas en las que la inseguridad se lleva la paz de familias enteras. 


De las respuestas a mi post, 15 de 46 dijeron de una u otra forma que les da miedo la inseguridad. Algunos lo hablaron en general, otros fueron muy específicos comentando que les aterra pensar que ellos o sus seres queridos sean víctimas de violaciones, secuestros, robos, homicidios y más. 


Creo que esto nos da miedo porque es algo completamente ajeno a nosotros, y vemos cómo muchas personas lo viven en carne propia más seguido de lo que pensamos. Sabemos que vivir en nuestra sociedad trae altas probabilidades de que tarde o temprano nos toque la inseguridad. 



  • Tenemos miedo a sentir que nuestra vida no dejó huella


Este miedo es distinto a los otros dos porque se relaciona más con nosotros mismos. Algunos lo ven como algo egoísta el querer trascender en la vida, dejar marca positiva en los demás. Para otros es todo lo contrario, lo ven como una manera de poner nuestro granito de arena por el mundo. 


Para entender el miedo a no trascender, empecemos por definir a qué se refiere esa palabra. Según la RAE, trascender significa un montón de cosas, pero la que nos sirve para este artículo es: “Estar o ir más allá de algo”. En este caso, ir más allá de los límites de la vida; sembrar nuestra semilla en los demás para que siga viva aún cuando ya no haya rastro de nosotros en este mundo.


Creo que los que lo sentimos es porque nos partimos la madre prácticamente todo el tiempo que estamos en este planeta para superarnos, como para que al final de nuestros días haya sido en vano porque no logremos que lo que buscamos construir llegara más allá de esta vida. No hablo de vidas futuras ni reencarnación ni nada de eso. Yo personalmente me refiero a dejar huella en la mente y en el alma de las demás personas, haberles enseñado algo, haber servido de ejemplo positivo o de inspiración en alguna situación para al menos una persona. Para mí eso es trascender, y me da mucho miedo morir sin lograrlo.



  • Sentir que no disfrutamos la vida, es algo que da miedo


Híjole, este miedo se me hace muy cabrón. Ponte a pensar tantito en el futuro. Imagínate de 80 años, ya sintiéndote más para allá que para acá; voltear atrás y sentir un hueco enorme en la panza al reflexionar y darte cuenta que ya casi se termina tu tiempo aquí y no lo disfrutaste como pudiste haberlo hecho, o como te hubiera gustado hacerlo. Ha de ser un putazo en seco de realidad. No me quiero ni imaginar el dolor y la frustración que eso provocaría en mí o en quien así lo sienta.


¿Pa’ qué estar tantos pinches años aquí si no la pasamos bien? Ya sé que la vida trae consigo muchas pruebas, retos y demás, pero estoy convencida que no tiene caso enfocarnos tanto en querer lograr las putas metas que nos ponemos o que nos ponen. Como decía el comercial de Coca-Cola de hace añales: “llévatela leve, la vida se hace cada día”. 


A mí me da miedo llegar a viejita y sentir que no la pasé chingón. Por eso trabajo constantemente en mí para tratar de no llegar a ese punto. Por si te sirve de inspiración, te voy a contar lo que hago cuando veo que me estoy ahogando en los pendientes, en las metas, en las deudas, en pensamientos negativos o en situaciones tóxicas: en mi mente me voy de ahí, a la chingada. Me imagino de viejita arrepentida por haberme jodido tanto la vida, y mejor me cambio el chip. Si de todas maneras tengo un montón de trabajo y no me va a alcanzar el tiempo para entregarlo cuando debo por más que me esfuerce, pauso tantito y tomo una siesta, veo algún episodio de una serie, armo tantito un rompecacabezas o hago algo que me saque de ese estado de estrés. Y ya, ya que tuve mi ratito de disfrute, sigo con lo que tengo que hacer (porque tampoco se trata de ser valemadrista y no cumplir con nuestras responsabilidades). O si ya es algo muy fuerte que de plano se roba mi paz y no puedo controlar, renuncio. A trabajos, personas, situaciones, planes, sueños o lo que sea, creo que es mejor renunciar y elegir mi bienestar, mi paz mental y mi plenitud, que desperdiciar la vida en algo que no me llena. Primero estoy yo, ese es mi lema para esos casos. Ojalá te sirva.



Tal vez estás pensando pa’ qué te conté todo esto de los miedos. Lo hice porque para mí es muy importante que seamos abiertos sobre lo que nos duele, lo que nos angustia y lo que nos aterra. 


Creo que los miedos, como ya hablamos en este post, son parte de nuestra vulnerabilidad y eso nos hace más humanos. Y para poder trabajar en ellos y quitarles fuerza para que no nos paralicen, considero que lo primero es escarbar dentro de nosotros e identificarlos, reconocerlos y aceptar que está bien sentirlos, que hay miedos comunes que tenemos incluso como sociedad y que por ningún motivo debemos avergonzarnos de ellos, pero tampoco tirarnos a la víctima. 


Hablemos de nuestros miedos. Eso nos ayudará a vencerlos.






 














Mariana Valenzuela
Siempre he querido cambiar al mundo y al escribir me siento superpoderosa. Soy muy yo: cursi, feminista, entregada y fan de lograr cosas que parecen imposibles. Espero nunca se me quite lo terca.
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mariana@tevasamorir.comhttp://www.tevasamorir.com

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