12.12.2019
Tú Siendo Tú

¿Lo que te choca te checa?

Mariana Valenzuela

Cuando estaba chica me costaba mucho trabajo entender el dicho "lo que te choca, te checa". No le encontraba sentido. Ahora, ya me hace click.

¿Te has puesto a pensar en lo mucho que juzgamos a los demás? Criticamos lo que los otros hacen, lo que dicen, cómo se visten, qué deciden con su cuerpo y con su vida. Así, como si nosotros tuviéramos la pinche verdad absoluta y fuéramos superiores. Emitimos juicios muy cabrones hacia quienes de una u otra forma se equivocan, o a quienes simplemente no piensan como nosotros o actúan diferente a lo que nosotros creemos que es "lo correcto". ¿Con qué derecho lo hacemos? 

Apuntamos desde el pedestal que creemos merecer porque al parecer nosotros nunca la cagamos. Así que  voy a llamarnos “Don/Doña Perfecto(a)” . ¡Y silencio! Que los demás callen mientras hablamos desde lo que vemos como nuestro trono de la perfección, cuando en realidad lo hacemos desde el desconocimiento y la ignorancia de la historia del otro. Me he dado cuenta de que muchísima gente tiene necesidad de que haya un castigo cuando alguien más se equivoca, una venganza igual o mayor; “ojo por ojo, diente por diente”. Yo creo que esos deseos vienen de un doble moralismo y revelan un ego inflado.

Observa cómo el ser humano se tropieza solito con esa doble moral, por ejemplo: cuando un caso de violación sale a la luz en redes sociales, basta con meterse a los comentarios para ver gente escribir cosas como:


-“Voy a buscar a tus hijas y les voy a hacer lo mismo para ver si así sigues muy machito”, 
-“No mereces haber nacido”.

¿Neta esa es la mejor manera de aprender?, ¿desde ese juicio tan cabrón?, ¿desde el deseo profundo de que el otro lo viva en carne propia o sus familiares cercanos dolor?

¿Lo que te choca, te checa?

Nos cuesta mucho trabajo darnos cuenta que no hay gente mala, hay gente herida. Jamás voy a justificar a un violador, pero entender que el ser humano es una cadena y lo más probable es que quien violó también fue violado, abre el panorama a más posibilidades de acción con muchos más alcances que la venganza. Nos vamos como los jueces más chingones a enjuiciar el último eslabón olvidando preguntarnos: ¿Yo qué puedo hacer desde mis posibilidades para mejorar como persona? 

Todo lo que te da asco, te enoja o te repugna es un reflejo de tus propias áreas a mejorar y al hacerlo comenzarás a encontrar tu autenticidad, tus dones y tu misión.  

No hay nadie caminando sobre la Tierra que no la haya cagado; sin embargo, apuntamos al otro como si fuéramos perfectos, encasillándolos en su error. Cuando una persona se hace famosa por su cagada o ya es famosa y se equivoca, no importa qué otras cosas haya hecho, absolutamente todo desaparece para darle entrada al error. Entonces cualquier wey o morra deja de ser persona o de tener nombre y se convierten para la sociedad literalmente en una “equivocación andante”. Y nos volvemos espectadores deseando que le hagan lo mismo, que no lo perdonen, que jamás lo acepten en ningún otro trabajo, que lo aíslen, que le corten las manos, lo encarcelen y demás, dicho desde el pinche celular. ¿Qué acciones, propuestas, arte, belleza tu podrías estar aportando al mundo el lugar de tu dedo índice señalando a los demás?

Mejor obsérvate en tu espejo. Ve qué cosas te molestan tanto de la persona a quien juzgas, y búscalas en ti. Como dicen por ahí “lo que te choca, te checa”. Usualmente son cosas que debes resolver contigo, conflictos internos que debes trabajar antes de seguir juzgando a otros por ello. 

Más allá del blanco y negro

Ver el mundo como blanco o negro es lo que nos ha hecho perder de vista todos los otros colores. Nos han enseñado a vivir la vida como si fuera un mundo de caricatura o de telenovelas, donde hay personajes antagónicos: los malvados, los crueles, y luego están los protagonistas: los buenos, los héroes. En general lo hacemos en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo; si tu papá le fue infiel a tu mamá, todo lo demás que era tu papá para ti desaparece, se cae del pedestal, te llenas de rencor y ahora vives enojado o enojada con él porque la cagó. 

Qué chingón sería poder ver sus otros colores, sus otras facetas, sus virtudes. ¿Vas a castigar todo lo demás de él por su error?, ¿vas a privarte de su amor porque se equivocó? No te juzgo si lo haces, es difícil atravesar la moralidad. Sólo te invito a que te cuestiones si el otro tiene o no derecho a equivocarse. De hecho, creo que más que derecho ni siquiera tiene opción a no equivocarse, porque errar es parte de la condición humana. Somos naturalmente imperfectos y capaces de aprender constantemente. 

Al final del día enjuiciamos de una manera tan despiadada por el mismo miedo que tenemos a revelar nuestros errores, a mirar hacia adentro; entonces así yo apunto al que la cagó más duro para así yo parecer mejor persona, sentirme mejor, no voltearme a ver a mí mismo. Por eso las telenovelas tienen estos finales tan esperados: donde la mala o el malo termina quemada/o, sin redes de apoyo, totalmente aislada/o, infeliz durante el resto de su vida y eso le da una satisfacción tremenda al espectador. Desde mi punto de vista enjuiciar con TODO al otro deseándole lo peor, es solo una ilusión momentánea que utiliza el ego para hacernos sentir superiores, es solo un espejismo porque la perfección, la vida sin “pecado”, la vida “recta”, la vida 100% acertada no existe en este plano.  

Querido Don, Querida Doña Perfección, cuestiónate ¿Quién es el malvado en tu película? Cuándo lo encuentres date cuenta que es un espejo de ti. Aquí aplica el dicho del que les hablaba: "lo que te choca, te checa".

Echando culpas y juzgando a los demás es muy difícil que pueda salir tu verdadera luz, tu verdadero ser. Quién sabe qué cosas chingonas podrías estar haciendo para mejorar como persona y que después se reflejarán en la sociedad, pero nunca lo vas a descubrir si sigues apuntando al otro. 

Deja de juzgar tan duro; todos nos equivocamos. Voltea a tu interior y cambia esas cosas que te cagan de los demás, porque es lo que no te gusta de ti. 

Mariana Valenzuela
Siempre he querido cambiar al mundo y al escribir me siento superpoderosa. Soy muy yo: cursi, feminista, entregada y fan de lograr cosas que parecen imposibles. Espero nunca se me quite lo terca.
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mariana@tevasamorir.comhttp://www.tevasamorir.com

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