15.11.2019
Tú Siendo Tú

La fórmula para perderte a ti mismo.

Mariana Valenzuela

Hay algo que siempre me ha causado mucho ruido: ver a mi alrededor y darme cuenta que prácticamente somos copias los unos de los otros.  Nos vestimos como los demás, vamos a los mismos lugares que todos porque “están de moda” (aunque nos dé hueva), vemos las mismas películas y cantamos las mismas canciones que todos. Por si fuera poco, tenemos tan poco respeto propio que llamamos “gustos culposos” a lo que en realidad nos gusta pero no es lo que “se supone que debe gustarnos”. ¡Qué chingados! 


No nos atrevemos a ser transparentes ni con nosotros mismos ni con los demás. Incluso llegamos al punto de esconder nuestra esencia. No decimos lo que pensamos, ni amamos en público a quien de verdad queremos, ni somos quien realmente somos. ¿Por qué hacemos eso? Por el mentado “qué dirán”. Nos da tanto miedo ser rechazados, que nos comportamos como títeres dejando que otros decidan nuestra propia historia. Qué jodido está esto, ¿no? Sé que tú también lo sabes, que te das cuenta de esa sombra bajo la que preferimos vivir, pero aún así lo sigues haciendo. 


La negación de nuestro propio ser nos aleja de la plenitud.  ¿O acaso te gusta tener que reprimir tu verdadero yo? Creo que no, que nadie en sus cinco sentidos está contento de hacerlo. Sin embargo, lo hacemos. Y la verdad me da un chingo de hueva escribir esto, porque es algo muy obvio que seguro ya te lo han dicho más de una vez…¡pero es que no agarramos el pedo!


Estamos haciéndolo al revés: esforzarnos por ser nosotros mismos es la forma de encontrarnos.


La realidad es que por naturaleza todos somos diferentes. No le veo el punto a perder el tiempo tratando de ser como otros. Hay belleza en querernos, respetarnos y aceptarnos a nosotros mismos, con luz y sombra. No hacerlo es ir hacia atrás. Así como en las bodas se dice “prometo amarte y respetarte en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad”, te reto a ponerte frente al espejo y jurarte ese amor eterno, pero para ti mismo. Es hora de que tomes la decisión de empezar a amarte y respetarte para siempre.


Esforzarnos por salir del molde de las “verdades absolutas” que nos enseñan desde siempre, es un proceso lento. Necesitas paciencia y tiempo. No vas a despertar un día completamente iluminado y vas a decir “¡a la mierda todo, voy a ser yo y nadie más!”. Ojalá fuera así de fácil. Muchas veces ni te das cuenta cuando tomas ese camino, pero lo importante es tomarlo. Simplemente poco a poco te vas sintiendo más cómodo en tu propia piel y vas aceptándote más. 


Me gustaría decirte que de la noche a la mañana vas a cambiar por completo y te vas a aceptar tal cual eres, pero sería una gran mentira. No comas ansias, es un proceso lento que lograrás paso a paso. Poco a poco irás notando que todo tiene más sentido si dejas de fingir sólo por “quedar bien”. De repente ya no sentirás culpa por decir que no a salir de noche porque prefieres quedarte en casa descansando. Irás cortando relación con las personas que no aportan ni un carajo a tu vida, te pondrás la ropa que te gusta sin importar a quién le guste; escucharás la música que te dé la gana sin ocultarte en tus audífonos, dirás lo que piensas y te atreverás a sentir libremente. Y te vas a dar cuenta que tu luz se encenderá de tal forma que iluminarás el camino de otros. Porque esas cosas pasan: cuando estás bien contigo mismo, tu energía fluye de tal forma que los demás lo notan y se contagian de esa libertad que irradias.


Las “verdades absolutas” ni son verdad, ni son absolutas


Ahí te va una gran ironía que hasta decirla suena un poco extraño: es mentira que lo que te enseñaron como regla, sea “la verdad”. Cada quien va formando su propia verdad según sus adentros, sus experiencias, sus miedos, sus pasiones y todo lo que nos compone como humanos únicos. Y como tu historia no es la misma que la mía, ni la del vecino, ni la de nadie, nuestras verdades también son diferentes. Es una cuestión muy personal y relacionada con el ser. 


Sin embargo, la sociedad tiene una maña de creerse dueña de “la verdad”, y a nosotros nos inculcan la maldita costumbre de creerla ciegamente. Conforme vamos creciendo los demás (papás, maestros, tíos, medios de comunicación, amigos y más) nos definen qué es socialmente aceptable prácticamente en todos los sentidos. Nos dicen cómo comer, cómo hablar, cómo comportarnos. ¡Hasta nos enseñan a coger según algún actor porno! 


Nos meten mil ideas a la cabeza desde distintos puntos de vista según religión, costumbres, machismo, sexismo, racismo, homofobia y otras formas de intolerancia. Sí: intolerancia. Porque para mí, creer que solo tu verdad es “la verdad”, es el principal obstáculo para la tolerancia. Y de ahí se derivan un montón de los problemas de odio y discriminación que no nos dejan fluir como sociedad. 


No, señores y señoras: no hay ninguna verdad absoluta. Ni buena ni mala, ni a medias, ni conservadora, ni liberal. Los humanos somos imperfectos y eso es parte de lo chingón de nuestra especie. Somos animales pensantes y supuestamente muy evolucionados, pero por alguna extraña razón todavía nos regimos por el corazón y por nuestro deseo de pertenecer, de sentirnos parte de un grupo. Por eso a veces actuamos de manera ilógica y ponemos la necesidad de ser aceptados, antes que nuestro bienestar. Con tal de sentirnos queridos, elegimos vivir pretendiendo  bajo “las verdades” que no representan quienes somos en realidad. Y eso se siente de la chingada. 


Para ser tú mismo se necesitan huevos

Todo aquello que no va con “lo que está bien” es un tabú, o sea algo prohibido o socialmente no aceptado. Y como no queremos que nos rechacen, mejor no cruzamos esa línea, aún cuando eso implique dar la espalda a nuestro verdadero yo. Preferimos dejarnos llevar por la corriente en vez de lucha por ser auténticos.


Repito: ser tu propia versión de ti, es una lucha constante. Quitarte de una buena vez las etiquetas que tú solo te pusiste mientras tratabas de encajar en los moldes que te enseñaron desde que eras un mocoso que jugaba a los tazos, necesitas muchos huevos. No quiere decir que vas a agarrar a madrazos con alguien, pero sí te vas a dar uno que otro golpe de realidad con los demás y con tu persona. Te darás cuenta que hay mucho más de ti para darte y para darle al mundo. Eso tal vez puede sacarte de onda al principio. Pero poco a poco irás agarrándole el rollo a esto de aceptarte como eres y descubrir cada pedazo de ti que tenías escondido por ese miedo irracional al “qué dirán”. 


La gente se dará cuenta de tu nueva forma de verte a ti mismo y de aceptarte, y muy probablemente vas a ser blanco de críticas. Que te valga. Es muy su problema si siguen malgastando la vida en vez de tener los huevos de ser auténticos y de mostrarse ante sí y ante todos con su verdadera personalidad. Tú creces, y si otros no quieren crecer, muy su pedo. 


Cuestiónalo todo y encontrarás tu verdad

Reprimir nuestro verdadero yo, para mí no es vida. Los moralistas o intelectuales dirán que soy  “rebelde”, que la sociedad necesita límites y ciertos estándares para funcionar. Aquí es cuando yo doy la contra y sale mi verdadero Yo. Ante mis ojos, vivir de acuerdo a lo que los demás nos hacen creer que es “lo correcto”, “la verdad”, impide disfrutar este poco tiempo que tenemos de regalo en el planeta. Por lo tanto no le encuentro sentido. 


Soy firme creyente del poder de cuestionarlo todo. Manda a la chingada las “verdades”, ignora las reglas de gente con la mente cuadrada que saca provecho de que la gente tenga una vida miserable. Pregunta por qué, para qué. Investiga, crea conversaciones y debates donde puedas apreciar qué piensan los demás y te des cuenta de qué piensas tú. Verás que de esta forma lograrás algo increíble: te encontrarás a ti mismo. Te darás cuenta de cuál es tu propia verdad; aquella verdad que te funcione, te conste y sobre todo, que te haga feliz. 

Vivir de acuerdo a otros es perdernos en el camino.

Con tal de seguir encajando en los moldes y no ser considerados “diferentes”, “fuera de lo normal”, llegamos a traicionar lo que somos en esencia. Tenemos ese chip tan metido que muchas veces resulta impensable romper los esquemas. Da miedo cuestionar lo que nos han enseñado a ser y a hacer porque hacerlo implica atrevernos y eso genera incertidumbre. No sabemos cómo van a reaccionar los demás, qué tanto nos juzgarán, si nos aceptarán en su grupo o no, si perderemos amistades o se “manchará” nuestra “reputación”.  Por lo tanto, para no exponernos a eso que no conocemos, mejor nos quedamos en la sombra de lo que se nos ha impuesto. 


El problema es que seguimos el camino que la sociedad nos indica y en el proceso nos perdemos. Perdemos nuestra esencia, eso que nos hace únicos. Nos negamos el derecho a sentir y pensar de forma autónoma, por nuestra propia cuenta. Si crees que estoy exagerando, por favor haz este ejercicio: 


Piensa en las veces que te has callado lo que piensas, o cuando querías llorar y gritar con todas tus fuerzas porque estabas hasta la madre de algo o de alguien, pero en vez de hacerlo te quedaste sin decir una palabra al respecto. Piensa en cómo preferiste tragarte toda esa frustración y dejar que esa sensación tan molesta te comiera por dentro por no demostrar tus verdaderos sentimientos. 


Ahora recuerda por qué lo hiciste. ¿Por ganas? Lo dudo. ¿Porque alguien te dijo que no dijeras nada? Seguramente tampoco fue por eso. Lo más probable es que hayas sido tú mismo quien te silenció “para evitar problemas”, “para que no dijeran que eres débil” o tú sabrás en qué molde de los que te enseñaron desde chico querías caber. En esos momentos, como en muchos otros en los que te has negado a ser tu propio tú, te uniste al montón de gente que pasa la vida pretendiendo ser quien no es. En algún momento de nuestra vida a todos nos pasa. Renunciamos a lo que somos para tratar de encajar en las malditas etiquetas que se nos han impuesto como  “lo correcto”, “lo natural”, “lo normal”, pero también en aquellas que nosotros mismos nos hemos puesto. “Yo soy muy fuerte, no debo llorar”. "Yo estudié psicología, no sé de números". “Soy independiente, no puedo pedir ayuda”. ¿Te suena? A veces las personas más crueles con nosotros, somos precisamente nosotros mismos. 


Al renunciar a nuestro ser, por cuestiones propias o ajenas, le cerramos la puerta a la plenitud. Nos negamos la oportunidad de explorar lo que realmente hay en nosotros. Y por lo tanto, nos negamos el derecho de vivir en paz con uno mismo.


Encontrarte y quererte tal cual eres, es tu derecho

Te entiendo. Sé que atreverte a ser quien eres no parece fácil. No es ningún secreto que quienes no encajan suelen ser juzgados, rechazados e incluso llegan a ser víctimas del bullying por el simple hecho de ser diferentes. Está muy cabrón. De hecho en algunos países incluso se castiga con cárcel a quienes se atrevan a serlo. Hay mucha falta de información, tolerancia y empatía. Eso nos hace inseguros de tener el derecho ser nosotros mismos. 


Entiendo: llegar a tu autenticidad y mostrarla da miedo porque se ve como un proceso larguísimo y complicado. No te juzgo por eso, yo también he estado ahí. Pero hay algo que debemos tener presente: darte la oportunidad de explorar en lo más profundo de tu ser para descubrir todo lo que hay dentro de ti, es tu derecho. Nada ni nadie debería estar por encima de tu amor propio. 


Mereces vivir la vida a tu manera y ser lo más tú que puedas. Le guste a quien le guste. Si a alguien le incomoda tu plenitud, muy su pedo. Tú tienes el derecho de gozar cada momento, a tu manera, a gusto en tu propia piel y sin quedar bien con absolutamente nadie. 


Brillar con luz propia está a toda madre


Déjame decirte algo: desde que yo me di cuenta de la realidad en la que vivimos, me atreví a cuestionarla y a vivir siendo cada vez más yo. Desde entonces la vida tiene un mejor sabor. Soy más libre, más feliz en mi propio cuerpo y en mi propia mente. Mi energía fluye y tengo paz. Te invito a que hagas lo mismo.


Date cuenta de lo chingón que eres como individuo. Mi intención al decir esto no es motivarte. No lo digo para que te sientas bien, sino porque de verdad lo creo. Piénsalo: entre tantísima gente que ha tocado este planeta, nunca ha habido ni habrá alguien como tú, ni como yo, ni como nadie. Eso está chingonsísimo. Nos da a cada quien una ventaja increíble: ser únicos.  


Con nuestras fortalezas y debilidades, errores, aprendizajes, gustos, pasiones y temores; cada humano es un cúmulo de energía, amor y experiencias que lo vuelve absolutamente irrepetible. Y eso para mí es magia pura porque quiere decir que cada persona tiene algo único que aportar al mundo. Si cada persona aporta su propia luz, creamos entre todos algo más grande y más fuerte, que no se lograría si no tuviéramos la participación de todos. 


Ser diferentes nos hace más chingones

No estoy hablando por hablar. Esto de que ser diferentes nos hace más chingones no me lo saqué de la manga. Se llama Diversidad. Según la Real Academia Española, esta palabra significa: “Abundancia, gran cantidad de varias cosas distintas”. Desde ahí se ve lo chingón: abundancia. La diversidad, al traer abundancia de pensamientos y personalidades, nos enriquece. Nos abre la mente y nos da bienestar. Está comprobado que entre más diversas sean las sociedades, les va mucho mejor. Pasa en la vida y en el trabajo. Les comparto un ejemplo:


En Dinamarca se realizó un estudio en empresas donde la diversidad es tan grande que se les llama “multi diversas” porque tienen empleados de varias nacionalidades y de distintas edades. Las líderes de reclutamiento comentaron que tener equipos tan diversos fortalece la unidad y la equidad, permite que todos aprendan de todos de manera constante y que se apoyen entre sí. Con este estudio se comprobó que a mayor diversidad, mayor comunicación y mejor socialización. Además, se hizo notar que en esos equipos de trabajo no solo destacan como grupo, sino como individuos únicos. Las habilidades y la personalidad de cada persona salen a la luz en este tipo de dinámicas y son aprovechadas para el bien del equipo. En pocas palabras: los empleados de esta empresa se sienten valorados, tomados en cuenta, libres de ser ellos mismos. Saben que está en un espacio donde nadie está tratando de definirlos ni de orillarlos a ocultar su verdadero yo. Como resultado, hay tolerancia, respeto y la gente tiene ganas de mejorar su entorno y toma acciones para lograrlo por el bien de todos. 


Esto está increíble. Si pasa en una empresa donde se abrieron las puertas a la diversidad y se dio oportunidad de que la gente fuera distinta entre sí, cada quien viviendo de acuerdo a su propia esencia, imagina qué maravilla sería que esto pasara en la vida diaria de todo el mundo. 


Atrévete a ser tu propia versión de ti

Sin temor a equivocarme te digo que ser tú mismo será la mejor decisión que tomes por ti y para ti, y por consecuencia para la gente a tu alrededor. Que te valga madre lo que la gente diga o no de quién eres. Vístete como quieras, canta lo que se te antoje, baila como te dé la gana, di lo que piensas, demuestra lo que sientes. Escucha a tu yo interior y dale voz. No te silencies ni te reprimas. Mucho menos te ocultes en lo que los demás quieren que seas. Deja de pensar como quieren que pienses, de desear lo que quieren que desees. Estamos en este mundo por quién sabe cuánto tiempo, pero no es mucho, y no vale la pena vivir etiquetados según las expectativas puestas sobre nosotros. Creo que la única forma válida para disfrutar tu vida, es la que tú elijas. 


Atrévete a ser tú mismo. Tienes derecho de ser feliz en tu propia piel. Date permiso de redefinirte, pero ahora desde tu propia perspectiva y no desde lo que las personas a tu alrededor te han hecho pensar que eres. Date un clavado en lo más profundo de tu mente y de tu corazón y suelta todo lo que te está deteniendo para crecer como persona, como profesionista, como amante, como padre y demás. Todos esos moldes en los que siempre has querido encajar, están llenos de prejuicios de gente que por alguna extraña y oscura razón decidió que tal cosa no era lo correcto. Y esa persona se lo dijo a alguien más, y ese alguien se lo comento a otro, y a otro, y así se fue haciendo la bolita por años y años hasta que llegamos al día de hoy, a ese peso que traes cargando desde siempre. 

Enfócate en conocerte para que aprendas qué te mueve, cuál es tu don, en qué sueñas. Piensa bien qué vida quieres para ti y haz un plan para alcanzarla. Sé egoísta, piensa solo en ti. Al final si eres auténtico contigo mismo serás una persona más feliz y plena. Sentirás que encontraste tu lugar el mundo y la vida te sabrá mucho mejor. 


Te rodearás de energía positiva al ser tú. Sentirás plenitud al aceptar quien eres sin ocultarte detrás de lo que la gente espera de ti. Y vas a contagiar esa buena vibra a quienes te rodean. Con tu ejemplo inspirarás a más personas de unirse a este otro lado de la vida, donde la cosa es disfrutar, ser auténticos y dejarnos de fregaderas. 


Querernos a nosotros mismos, respetarnos y darnos la oportunidad de ser quienes somos, es la mejor manera de aprovechar este regalo que se llama vida. Decide ser tu propia versión de ti y trabaja para lograrlo. Valdrá la pena. 


Para ser tu mejor versión, necesitas trabajar en ti.


Te invito a descubrir el mundo que hay en ti y que lo aproveches al máximo. Si te mantienes encerrado en lo que desde siempre te han dicho que debe ser tu límite, “lo que debe ser”, “quien eres”, te estás perdiendo de mucho. Te estás negando la oportunidad de descubrir el universo de posibilidades que hay dentro de tu mente. Si no te atreves a dar el siguiente paso para abrirle la puerta al presente y llegar al futuro que quieres, seguirás estancado.


Es momento de crecer y para hacerlo tienes que romper tus propios paradigmas. Esto implica ponerte metas  y hacer planes para alcanzarlas. Si te quedas con el mismo mindset de cuando eras niño, con las ideas que la sociedad te impuso, nunca vas a poder llegar a ese punto en el que seas tú mismo en tu máxima expresión. Para ser tu propia versión de ti, debes trabajar en ello y hacer cambios para llegar a esa meta. A partir de ahí tendrás las herramientas para conquistar el sueño que te propongas y así tener la vida que prefieras.

Mariana Valenzuela
Siempre he querido cambiar al mundo y al escribir me siento superpoderosa. Soy muy yo: cursi, feminista, entregada y fan de lograr cosas que parecen imposibles. Espero nunca se me quite lo terca.
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mariana@tevasamorir.comhttp://www.tevasamorir.com

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