13.5.2020
Cuestionamientos

Guardar silencio también es opción. Dejemos de esperar que todos tengan algo que decir

Mariana Valenzuela

A raíz del coronavirus, muchos se creen dueños de la verdad y esperan que tengamos algo que decir respecto a la pandemia. Escuchamos todo el tiempo opiniones y preguntas como si fuéramos expertos epidemiólogos, sociólogos, economistas y demás. Aunque no tengamos ni puta idea o nos basemos en fake news, cadenas de WhatsApp o información cero confiable de Facebook, se espera que aportemos a la discusión.


Van algunos ejemplos. No creo ser la única hasta la madre de escucharlos cada rato:


"No debes hacer eso”, “deberías tener mejores hábitos”, "¿qué estás haciendo para superarte?”, “¿cuándo crees que se va a acabar todo esto?”, “¿crees que fue inventado o que sí es real?”. 


La respuesta en mi mente siempre es: “ni tú ni yo sabemos que´ pedo, déjame en paz”. Pero usualmente oculto mi lado grinch y contesto amablemente, o mejor ignoro.


Pero hoy quiero gritarlo a los cuatro vientos: guardar silencio también es un derecho. No le veo absolutamente nada de “malo” no tener opiniones sobre el coronavirus y todo lo que implica. Abrazo virtual, con sana distancia y todo, si tú también te hartaste de que todo el tiempo la gente espere que tengas algo que decir. 


Esta exigencia de externar opiniones sobre temas “profundos” no es novedad, pero sí en lo personal siento que se ha reforzado con todo esto del COVID-19. Antes el peso de tener que decir algo lo cargaban prácticamente nada más los profesionales en el tema en cuestión. Por ejemplo, si había recesión económica, le preguntaban al de Hacienda. Si era algo de una enfermedad, le preguntaban a doctores. Pero ahora de pronto ese bulto lleno de expectativas cae sobre todos. No importa si somos abogados, comunicólogos o cualquier otra cosa: voltean hacia nosotros para ver qué opinamos. Pero no: a veces simplemente no nos da la gana de pensar en la situación, y por lo tanto no tenemos algo que aportar al respecto. ¿Neta es tan difícil de aceptar?


A veces guardar silencio aporta más que el ruido

mujer usando laptop en silencio en su casa

“El hecho de que estemos inmersos en una situación gravísima, no significa que tenga algo que decir. Creo que lo mejor que puedo aportar, es callarme; introducir un espacio para el silencio cuando parece que todo mundo quiere generar ruido”. Lo dijo el escritor Carlo Padial, pero refleja claramente mi sentir. 


No le encuentro sentido a subirme al tren del mame del coronavirus. Sé que es una situación seria que ha venido a sacudir al mundo entero, pero no quiero ser parte del ruido que se está generando tanto de forma informada como desinformada, consciente e inconscientemente. Creo que ya hay mucha gente hablando del tema, así que prefiero guardar silencio y compartir mi sentir sobre otros temas a los que les veo más valor o mayor practicidad. O en ocasiones sobre ningún tema, porque también se vale desconectarnos a ratos del mundo para abonar a nuestra paz mental. 


La dificultad no siempre inspira

Las expectativas por tener siempre algo que decir aplica en temas fuertes en general, no solo en la pandemia. Pensemos en las enfermedades graves. Cuando alguien se recupera de una de ellas, la gente piensa que se vuelven expertos en cómo sobrellevar ese tipo de situaciones, en valorar la vida y demás. Y suelen recibir constantes preguntas sobre qué se siente haber pasado por eso, cómo lo superaron, qué aprendieron de la situación o cómo ven la vida a raíz de lo que vivieron. 


Se tiene la creencia de que el dolor inspira, que incluso los artistas tienen sus mejores momentos creativos cuando pasan por periodos de algún duelo, una enfermedad o alguna situación complicada. Tenemos de ejemplo a Frida Kahlo, que creó gran parte de sus obras principales a raíz de momentos trágicos de su vida, o a Van Gogh, quien pintó alguno de sus cuadros más representativos cuando estaba muy enfermo. Pero que ellos y otros artistas (y simples mortales también) hayan cumplido con esa idea, no significa que sea la norma. 

A muchos de nosotros los momentos tristes o complicados nos nublan la creatividad en vez de inspirarnos. Y no es que una actitud sea mejor que la otra. Simplemente somos distintos y reaccionamos diferente ante los momentos complicados. 


Sucede igual en momentos felices. Hay personas que cuando todo marcha viento en popa le dan rienda suelta a la creatividad y les fluyen las palabras; pero también hay quienes al estar felices se bloquean y solo se concentran en disfrutar ese momento que los hace sentir bien. 


Cada quien tiene su forma de lidiar con sus emociones

Si recordamos que cada emoción genera un sentimiento y una reacción, entonces cada persona tiene su forma particular de reaccionar ante la vida. Eso de esperar que todos actuemos de cierta forma ante tal situación, solo nos habla de que nos falta empatía y respeto por lo que cada quien vive, y ni hablar de nuestra inteligencia emocional.


Y siempre que existe una falta de empatía, hay prejuicios y se generan actitudes discriminatorias porque no vivimos desde el amor. Este afán de esperar que el otro se comporte como nosotros pensamos que debe comportarse, es un reflejo de egoísmo. 


A mi parecer es importante aceptar que cada quien vive un proceso distinto en su camino hacia el crecimiento personal. Algunos ya llevan buen tramo recorrido y son capaces de actuar considerando al otro, entendiendo su situación y aceptando que tener diferencias es algo muy de humanos, y que precisamente la diversidad nos hace más chingones. 


Todo es relativo

Como somos todos tan diferentes y cada quien tiene sus procesos, sus ritmos y sus alcances, todo es relativo. Por lo tanto no le veo el caso a empeñarnos en juzgar a quien piensa distinto o a quien no cumple nuestras expectativas, Así como a ti te vale madre lo que piensan muchos de ti, a mí y a otros nos vale madre lo que esperass de nosotros. Es mutuo; es parte de la chulada de ser humanos: a veces lo que para ti es verdad, para mí vale pito. Y vicecersa.

Como dice Huracán: “Hay veces que detenerse es también avanzar y sentarse a contemplar es ganar perspectiva. El retroceso y avance son relativos; yo mismo los defino”. Así que si de pronto quieres guardar silencio aunque todo el pinche mundo espere que tengas algo que decir, que te valga madre. Hazlo. Permítete callarte. Disfruta tu libertad de quedarte en silencio y procesar internamente lo que estás viviendo.

Mariana Valenzuela
Siempre he querido cambiar al mundo y al escribir me siento superpoderosa. Soy muy yo: cursi, feminista, entregada y fan de lograr cosas que parecen imposibles. Espero nunca se me quite lo terca.
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mariana@tevasamorir.comhttp://www.tevasamorir.com

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