15.5.2020
Cuestionamientos

Estar feliz en casa en tiempos de coronavirus: la realidad que muchos no aceptan

Mariana Valenzuela

Ahora resulta que estar en casa a gusto durante la cuarentena, es mal visto. Parece que “lo justo” es que todos estemos en el papel de víctima, lamentándonos cada día por tener que vivir encerrados en nuestra casa. Como si fuera una cárcel en vez de un hogar; como si la nueva regla fuera sufrir y querer que ya se acabe este virus para volver a la normalidad. 


Y pobre del que se atreva a mostrar al mundo que la está pasando a toda madre encerrado en su casa mientras otros sufren en el confinamiento social. ¡Híjole! No lo bajan de “egoísta”, de “superficial” y hasta “insensible”. Le llueven comentarios negativos y etiquetas discriminatorias por el simple hecho de disfrutar su vida. 


Hemos llegado al punto en que si alguien la pasa de huevos en su casa durante la cuarentena, se siente tan culpable y le remuerde tanto la conciencia, que prefiere esconderlo. Nos da vergüenza (o incluso miedo o ansiedad) admitir que estamos bien en casa, que disfrutamos haber puesto pausa al relajo de la vida que llevábamos, para poder estar más tiempo con nosotros mismos y con quienes vivimos. 


En un artículo de El País vi esta frase: “No tengo nostalgia de todo ese ruido que hace la vida. Los que hemos descubierto que preferimos no salir existimos. A pesar nuestro y de nuestra culpa, hemos disfrutado del terrible paréntesis. No es grave, la rutina y el qué dirán siempre son más fuertes”. I feel you, Patricia. Soy del mismo equipo. 


Aceptémoslo: en casa también la pasamos de huevos

Aunque algunos lo quieran ver, estar a toda madre en casa en estos tiempos de coronavirus también es una realidad para muchos. Justo de eso quiero hablar en este post. 


Hay quienes quisieran adelantar el tiempo para que ya podamos volver a “la normalidad”. Pero algunos no extrañamos prácticamente para nada lo que llaman “la vida normal”. Nos sentimos cómodos en este nuevo ritmo de vida. Valeria Bross, fotógrafa, lo explica de forma muy personal:


“Estos días he estado reflexionando mucho en el por qué no tengo ni la menor urgencia de que esta cuarentena se termine, y creo que es por que me da un poco de miedo el proceso de reintegrarme al ritmo tan acelerado que llevábamos en general como sociedad”.


Creo que es justo eso: la angustia (y también la hueva, hay que aceptarlo) de vivir nuevamente de forma acelerada, con prisas por quedar bien con los demás, por cumplir los compromisos sociales, por que nos vean ser productivos en la oficina.


Yo no extraño eso. Prefiero la paz de estar en casa, con tiempo suficiente para estar cerca de mi novio y mi hija, para cocinar, para bañarme cuando me dé calor, para limpiar la casa con calma y no apurada un sábado mientras lo único que quiero es descansar después de haber estado fuera de casa toda la semana. En la “vida normal” no tenía chance de hacer eso. Todo era despertar en friega para cumplir obligaciones, llegar, cumplir con lo que pudiera hacer en la casa, y dormir cansada esperando que terminara la semana laboral. Y así de lunes a viernes, con trabajo extra para sábados y domingos. 

familia feliz en casa


Que me guste estar en casa no significa que no entienda que la situación no es la ideal. Por una u otra razón, nunca lo es. No soy culera como para que me dé gusto la pandemia. Ya pasé por varias emociones negativas al darle vueltas a esto del coronavirus: lloré, me preocupé, me sentí ansiosa y como ocho veces creí que estaba contagiada. Pero decidí enfocarme en lo positivo y tratar controlar mis emociones. Fue así cuando poco a poco aprendí a valorar las cosas chingonas del encierro.


La pandemia nos ha orillado a descubrir nuestra realidad

Este tiempo en casa nos ha dado tiempo y espacio para voltear hacia dentro de nosotros mismos y analizar el estilo de vida que llevamos. La pausa (más a huevo que por ganas) que tuvimos que dar, a algunos nos ha orillado a descubrir verdades internas que no habíamos querido (o sabido) ver. 


Hay quienes han descubierto que les gusta cocinar, o que les da paz limpiar la casa. Algunos se han dado cuenta que son workaholics y que se les hace muy difícil dejar de trabajar. También hay quienes descubrieron que no son compatibles estando mucho tiempo con su pareja, o que no tienen suficiente paciencia para sobrellevar las clases en línea de sus hijos. Otros, al contrario, han disfrutado como nunca este tiempo de ir a trabajar. A unos les ha ido mejor que a otros en esto de enfrentarse a su propia realidad de putazo.



El afán de criticar la vida de los demás es un reflejo de nuestras inseguridades

Cuando no nos gusta tanto la realidad que descubrimos sobre nosotros mismos, a veces nos da envidia y coraje ver a quienes están pasándola a toda madre. En vez de verlos desde el amor y decir: "qué chingón que están a gusto", los etiquetamos como "los avaros", "los egoístas". Los juzgamos por el simple hecho de tener la calidad de vida que en el fondo a nosotros nos gustaría tener. Y es tan fuerte ese egoísmo y esa inseguridad de nuestra parte, que como sociedad impulsamos la idea de que "está mal vivir a gusto en la pandemia”.


E incluso esto a veces las críticas no son cuestión de dinero. También juzgamos a los que anuncian su embarazo durante la pandemia y se ven felices, o a quienes pasan la tarde viendo series con su familia o con su pareja porque viven juntos, mientras otros están trabajando todo el día para poder sobrevivir. 


Yo creo que ese repele a ver felicidad en otros durante estos tiempos que se supone que deben ser difíciles para todos, no es más que inseguridad y falta de amor propio. Si tuviéramos la seguridad de saber que a lo largo de nuestra vida hemos tomado decisiones que nos han llevado a estar donde estamos, y que ese punto nos hace sentir plenos, podríamos ver la realidad de otros desde el amor. 


Platicando del tema con Viri Marín, parte del equipo de Te Vas A Morir, me compartió una reflexión que quiero compartirles:


“Lo que nos caga es que nunca antes nos preocupamos por tener un espacio saludable en donde refugiarnos. La pandemia nos está enseñando cuánto amor propio nos tenemos; solo hace falta ver en dónde y con quién estamos compartiendo esta cuarentena y no con quién y cómo lo están haciendo los demás. Ver cómo están viviendo los demás en esta pandemia nos da una proyección clara de lo que hemos venido haciendo hasta ahora. Dónde vivimos, con quién y en qué trabajamos, no es más que el refugio que nosotros mismos construimos cada día en nuestro presente, nos guste o no”. 


Esa inseguridad y falta de plenitud generalizada en la sociedad, ha hecho que lleguemos a un punto en que quienes se sienten a gusto en la cuarentena, lo oculten para evitar ser juzgados. O se sientan mal por sentirse bien. 


Mi pregunta es: ¿qué parte de mostrar la felicidad se relaciona con el egoísmo? ¿La parte en que uno está a gusto en casa a pesar de las adversidades, o cuando se enfoca en vivir el presente de manera positiva en vez de angustiarse por la pandemia o añorar ese tiempo en que podíamos salir libremente a la calle?


Creo que vale la pena cuestionarnos eso antes de juzgar tan fuertemente a los demás. Al final de cuentas, que otros no disfruten no significa que nosotros no tengamos derecho a hacerlo, ¿no? Cada quien es libre de vivir lo que parece el fin del mundo como le dé la gana. La cosa es que es responsabilidad propia elegir de qué manera lo enfrentan. 

















Mariana Valenzuela
Siempre he querido cambiar al mundo y al escribir me siento superpoderosa. Soy muy yo: cursi, feminista, entregada y fan de lograr cosas que parecen imposibles. Espero nunca se me quite lo terca.
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mariana@tevasamorir.comhttp://www.tevasamorir.com

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