11.9.2020
Cuestionamientos

¿Cómo ser emprendedor en la Ciencia? El apoyo es poco, pero las ganas sobran

Adan Ramírez
Close-up de un microscopio analizando una planta

Desde que inició esta ochentena causada por algo tan pequeño que se nos escapa de la vista, pero que tan gigantescos estragos nos ha dejado en todo el mundo, me ha llamado mucho la atención el foco que se le ha dado a la ciencia. Aunque siempre ha estado presente y es procreadora de la tecnología que hoy usamos, suele ser el patito feo y nadie le hace caso. Pero cuando el agua llegó al cuello, se convirtió en la superheroína que nos salvará. Por eso ahora está de moda el querer saber cómo ser emprendedor en el mundo científico.


Si bien en la lotería de México por fin salió la carta de El Científico, siguen sin haber fondos sobre la mesa que apuesten por él. A pesar de ello, lo chingón del mexicano es que con lo que traemos en el bolsillo del pantalón y una pizca de imaginación hemos logrado grandes descubrimientos e inventos que han cambiado el rumbo de la historia y seguirán marcando el futuro de la humanidad.

Por ello es que en un mundo tan globalizado como el de hoy echar stand-up o hacer la start-up no hay mucha diferencia, pues el trabajo inicia de la misma manera: elaboras tu discurso con el cual te abres paso en un público difícil y buscas convencer con tu pitch al que te aplauda primero por tu forma de desenvolverte y ofrecer algo distinto a los demás. Pues bien, a eso súmale que a tu público le encanta los standuperos extranjeros, que tenga un especial en Netflix y que la carcajada venga certificada por el mismísimo rey.

Señoras y señores, con ustedes: “Startupear con científicos a la mexicana”. Comenzamos...


¿Cómo ser emprendedor en cuestiones de ciencia en México? No es cuestión de dinero ni de estudios, sino de actitud

La formación de un científico puede tener muchos caminos, y esto dependerá mucho del contexto donde vives y la enseñanza escolar que te den. La mía no difiere mucho de otros colegas de la ciencia. Yo también desde niño pedía juegos de mesa de ciencia, leía estas revistas de datos interesantes, era aficionado al Laboratorio de Dexter de corazón, y durante la universidad los principales motivos eran llegar a obtener un Nobel como muchos otros grandes de la Ciencia.

Y, claro, en algún punto te puede llegar el momento eureka donde dices: “quiero realmente cambiar la vida de millones de personas con la ciencia”, pero chocas con la primera barrera de los recursos y fondos del área: probablemente nunca lleguen, y además para lograr tu idea necesitaríass la computadoraeinadora 3000 (por decir uno de esos nombres de dispositivos prácticamente imposibles de pronunciar, que además tienen mil versiones y sólo los científicos conocen, como lo muestran en Phinneas y Pherb). Entonces te replanteas a dónde puedes llegar con lo que tienes y con quién lo puedes hacer posible. Yo estuve ahí en ese punto y te aseguro que no es el fin.

Aquí es donde te diría: “despierta y agárrate, porque vamos a meterle turbo a esto que se está cocinando”.

Sí: muchos libros de los emprendedores más reconocidos del siglo te mencionan que hace falta sólo un garaje para iniciar. Si partimos de que esto es cierto, en México ya empezamos con fallas, porque si bien nos va tenemos un espacio para la lavadora y el tendedero. Estamos muy lejos de un espacio dedicado para crear nuestro Google. Aquí es distinto, la primer parte es rodearte de gente chingona, con ganas, con visión, pero sobre todo con amigos que estén dispuestos a rifársela y crecer juntos. 

La edad no es el límite. Me he dado cuenta que la experiencia tiene mayor valor que el dinero. Aprender de la gente con más edad e involucrarlos en tus proyectos puede ser uno de los mayores aciertos de sus vidas (tanto de la tuya como de la de los otros).


La historia de Greenfluidics: emprendiendo en la Ciencia

Si la vida no te da ni limones ni naranjas, pero sí te brinda la oportunidad de aprender del golpe de una manzana que cae, no pierdas el tiempo esperando a que algo más pase. Toma el riesgo y cosecha los frutos de un área donde la mente e ideas sobran, toma todo ello y dalo a conocer al mundo.

¿Y por qué hacer algo distinto a lo que la enseñanza universitaria y el contexto te prepara?

Puede que no sea el hecho de ir en contra del sistema, pero sí el ir por los retos más grandes, por aquello que está fuera de tu control, de tus conocimientos, incluso de tu cultura como científico.

Se trata de ir más allá de los laboratorios y de la incomodidad del escritorio donde te sientas a escribir artículos que te darán cierto estatus o reconocimiento, pero tal vez ahí se quedarán olvidados con el paso del tiempo. Y no quiero decir que “está mal” hacer todo ello (no soy quién para juzgar), porque entiendo que es en gran parte la base del conocimiento, pero como investigador creo que lo desconocido puede ser más atractivo que lo ya conocido.

Así es como nació Greenfluidics, la start-up que con muchas ganas y cero pesos empezamos a formar en 2017 un grupo de amigos estudiantes e investigadores, donde edad, estudios o conocimientos podrían ser un simple título, pero que la esperanza por mitigar los efectos del cambio climático en nuestro planeta y trazar la sustentabilidad hacia el espacio, han sido nuestro motor.

En mi camino como parte de los que creamos esta empresa, he aprendido que el equipo lo es todo, y que esta maquinaria tal vez tarde en arrancar hasta que logre sincronizarse en todos los aspectos, pero una vez que arranca no debes dejarla apagarse, hay que hacer que crezca. No se trata sólo de integrar a más personas a trabajar en ella, sino de invitar a gente capaz de formar parte del sueño.


Y ya que echamos a andar la empresa, ¿qué sigue?

Sigue enfrentarte al mundo y que no te coman vivo. Como científico puedes ser experto en cosas técnicas, desde explicar cómo funcionan las cosas hasta el porqué de la vida, pero para los negocios ni en la mejor escuela de finanzas te preparan. 

No basta con saber mucho de números, sino de buscar la empatía, la comunicación, y toda esta serie de reglas no escritas que las aprendes hasta que conoces el mundo real, el mundo fuera de tu caja.

Aquí viene el golpe duro de realidad, donde la cultura y el valor de las ideas pueden ser tus principales enemigos. En un país como México, que depende mucho de la tecnología y productos extranjeros, muchas veces estos son considerados como símbolo de calidad y se menosprecia lo “hecho en casa”. Esto es una barrera importante para la aceptación de lo nacional. 

Además, por la visión que nos dan muchos programas de televisión que hablan sobre cómo emprender, creemos que algo exitoso debe estar terminado, comercializado y siendo ya un boom en ventas. Por ese motivo aquí el valor de la idea o concepto queda minimizado a cero, cosa que no suele pasar en otros ecosistemas de emprendimientos en distintas partes del mundo. Y como la cereza en el pastel tenemos políticas que dejan en el olvido a la ciencia, la tecnología y el mismo emprendimiento.

Tal vez se están preguntando cómo nos sobreponemos a todo ello. Mi respuesta, según lo que he aprendido, es: abriendo la mente, cambiando la visión hacia un mundo globalizado. 

En Greenfluidics por mucho tiempo creímos que nuestra idea de tecnología podría ser una locura, o que simplemente no cumplíamos con los estándares que eran necesarios para emprender con ella, nos dijeron locos o que no teníamos el grado académico necesario para lograrlo. Sin embargo, un día tomamos la decisión de presentarlo fuera del país, enviamos un correo, nos aceptaron en una competencia internacional en Europa, ¿y adivinen qué? Ganamos como uno de los mejores cinco proyectos del mundo, siendo los únicos del continente americano. Y de ahí no paramos. Seguimos buscando validar nuestra tecnología en otras competencias internacionales, y dimos todo para lograr los primeros lugares.

Por ello, aprendimos que al emprender debes tener una visión global de tu entorno. Muchas veces estamos enfrascados en el contexto que nos da nuestra ciudad, región o país, pero eso que resuelves, esa oportunidad que buscas, puede esté en otros lados; y la única distancia a la cual estamos no es un boleto de avión, no es viajar más de doce horas, no es ni el dinero necesario, sino estamos solo a un clic de distancia, estamos tan cerca de nuestras metas que hace falta buscar el nombre de la persona clave en Google, enviar un mensaje en LinkedIn, abrir la semana siguiente el Zoom y jugártela

El “no” ya lo tuviste al decidir no hacer nada, pero cuando tú creas la oportunidad y te dicen que sí, recorres meses de distancia en un solo botón de enviar.

Si recapitulamos es cierto que nos toca una época y contexto complicado para los emprendedores. La situación actual y muchas otras adversidades están y estarán presentes por el simple hecho de ir a la deriva en muchos ámbitos. Pero si de algo estoy seguro es que nosotros como mexicanos y latinoamericanos tenemos la ventaja de haber nacido en una región rica recursos e ingenio, donde el dinero no nos impide traspasar fronteras, donde la actitud es nuestra principal virtud. 

Si de las desgracias hacemos un meme y de los problemas una oportunidad, hagamos de la ciencia el vehículo para mejorar el futuro de la humanidad y creamos en lo hecho en casa.

La innovación no es un sueño, es resultado de persistir y colaborar. Creo que ese aprendizaje es clave para quienes buscan cómo ser emprendedor.



Adan Ramírez
Soy un joven inventor y emprendedor mexicano, apasionado por la innovación y extrovertido de corazón. Desde niño he querido cambiar al mundo a través de la ciencia. Mi caricatura favorita era "El Laboratorio de Dexter" y siempre pedía juegos de mesa científicos. Siguiendo mi pasión, me convertí en Co-Fundador y Director de Tecnología en Greenfluidics, una de las primeras compañías de biotecnología espacial en el mundo. Es reconocida como una de las 30 promesas de los negocios por Forbes México 2020. He tenido el honor de ser nombrado Inventor del año menor de 35 años de América Latina por el MIT Technology Review 2019.
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