9.1.2020
Crecimiento

Ayer eras más inteligente que hoy

Renat Gabitov

Asumimos que somos más inteligentes que antes. Nos creemos muy listos porque ahora tenemos todas estas experiencias y conocimiento que nos da el tiempo.

 Pero, ¿estamos seguros de eso? ¿Lo podemos afirmar?

Hay dos versiones de ti: el tú de ahora, y el tú de ayer. 

El tú de ahora piensa en el día desde un punto de vista práctico. “Tengo que comer, hacer esto urgente, realizar esta llamada”. Pero al tú de ayer le vale madre si tienes que hacer esto o aquello, porque él piensa a largo plazo.  ‍El tú de ayer tiene un punto de vista más amplio del mundo. Quiere ser fit, inteligente y feliz. Planeó por ti ir al gimnasio en la mañana, meditar y comer cosas que te hagan sentir bien y saludable. 

Entonces, ¿cuál versión de ti es más inteligente? El tú de ayer. O bueno, tal vez no tenga tan cual mayor inteligencia, pero definitivamente tiene una mejor capacidad de tomar decisiones. 

Planeando al momento.

¿Qué tan fácil es planear una vida increíble? Hay cero consecuencias en el momento. ¿Sientes que quieres correr un maratón en el Valle de la Muerte? ¡Va! Hay que ponerlo en la lista de propósitos. No has corrido ni un kilómetro todavía, pero ya te emocionas bien cabrón por el reto y eso te da una dosis instantánea de dopamina. 

Luego llega el primer día de entrenamiento. Revisas tu plan del día y te das cuenta que no alcanza el tiempo ni la energía para hacer todo lo que tienes que hacer: bañarte, ir al trabajo, comer, etcétera. De pilón te invitaron a una cena con gente muy cool y sabes que no se va a repetir, así que le quitas prioridad al entrenamiento para el maratón, y vas a la cena. Decides entrenar ya muy noche, pero obviamente estás tan cansado de las mil actividades del día, que la energía al final de la cena ya no te alcanza para entrenar. 

El tú de ahora tiene mucho más que perder si entrenas. El costo de oportunidad de correr es perderte cosas importantes del trabajo o no poder ir a la cena con tus amigos. Así que tienes que elegir entre unas y otras. 

Antes no había consecuencias, pero ahora hay muchísimas cosas que perder. Incluso si logras ir a correr hoy, para hacerlo mañana vas a necesitar más energía. Cada vez que evalúas ir a entrenar o no, consideras los costos de oportunidad. Te costará fuerza de voluntad y chingos de energía. Llegarás a un punto en que se te va a acabar tu reserva y mandarás a la chingada el ir a correr. 

El problema es que le dejas al tú de ahora el poder de decidir. Ir a correr ya está planeado, pero de todas maneras sientes que puedes replantear esa decisión porque “las circunstancias han cambiado”. 

¿Qué tal si no tuvieras poder de decisión? El tú de ahora tiene mucho más que perder que el tú del pasado. Tu juicio se nubla por querer tener una salida fácil al momento. 

Decisiones inteligentes.

Yo creo que es mejor dejar que tu versión más inteligente se encargue. De esta forma eliminas el proceso de estar eligiendo constantemente porque tomas decisiones a largo plazo. Es mucho más fácil.

Te platico mi experiencia: En 2017 hice un experimento. Me propuse estar un año sin alcohol, tabaco ni ningún otro estimulante que no fuera café. Fue muy fácil tomar esa decisión porque fue solamente una cosa la que decidí por todo el año. No tuve que estar reevaluando cada vez si iba a tomar una copa de vino en la cena o si me iba a echar un cigarro en la tarde. ‍Desde entonces no he tomado. 

Después hice otro experimento, pero esta vez relacionado con la escritura. Me di cuenta que estaba procrastinando y que en vez de ponerme a escribir, me la pasaba investigando en internet. Al final del día era pura investigación y nada de palabras escritas. 

Decidí dejarme de chingaderas y me establecí un propóstio de escribir diario al menos 1000 palabras. Para asegurarme de lograrlo instalé la app Cold Turkey Writing. Lo que hace esta aplicación es convertir mi laptop en una máquina de escribir. No permite usarla como lap hasta que cumples el mínimo. La app no se apaga hasta que logras tu objetivo. 

De esta forma, no escribir es virtualmente imposible. Me inspiro a escribir más que nunca, porque es la única forma de poder seguir con los pendientes urgentes, es escribiendo. No tengo otra opción, así que escribo porque escribo. No hacerlo me cuesta muchísimo porque pauso lo demás; no me conviene. 

De hecho este artículo lo estoy escribiendo mientras uso esa app. Y aunque me levanté más tarde de lo que quería, tengo que terminar de escribir para poder seguir con mis pendientes.

¿Me arrepiento de escribir en vez de hacer otras cosas importantes? ¡Para nada! Cada noche pongo a mi Yo del mañana en una posición de la que no pueda escapar.

Así es como escribir se ha vuelto una práctica constante que hago día a día. Nunca lo había disfrutado tanto. 

Es un ejemplo de cómo debes prepararte incluso antes de tiempo, para que en el futuro no te puedas rajar. Es por tu bien.

Mi primer maratón fue sin pensarlo dos veces.

¿Quieres saber cómo corrí mi primer maratón? Tuve un pensamiento muy random mientras estaba reflexionando. Había pospuesto por varios años la idea de aventarme un maratón, a tal grado que si seguía así iba a hacerlo como hasta mis 60 años. 

Sin dudar ni un segundo, busqué en Google cuál sería el maratón más próximo y más cerca. Encontré uno para el que faltaban 5 semanas. Unos 4 minutos después, ya estaba comprando mi lugar. 

‍No tenía idea de en qué me había metido. Sólo sabía que era un maratón en algún lugar de España. Me inscribí y confié en que luego me las iba a ingeniar para lograrlo, pero el maratón iba a ser una realidad. 

El mentado maratón resultó ser una carrera de montaña. Cuando le dije a un wey en una tienda de suplementos nutricionales que iba a correr mi primer maratón dentro de cinco semanas y que además era una carrera de montaña, se rió de mí. “¡Jajaja” Buena suerte. Eso es otro rollo”. Lo entendí cuando estaba en lo que según yo iba a ser un maratón: tenía que correr entre montañas y rocas.

¡Pero lo hice! No me di otra opción. Tal vez si hubiera investigado no me habría inscrito. Comprar ese boleto para el maratón ha sido una de las decisiones más chingonas de mi vida. Ahora que lo pienso, no lo veo como un acto impulsivo sino estratégico. Tanto así, que 6 días después corrí una carrera de obstáculos con unos amigos.

Mi yo del pasado es más listo, más centrado y no tiene nada que ganar con desperdiciar el tiempo y escuchar mis patéticas excusas. 

Si eres como yo, de esos que no puede comerse sola una galleta porque una vez que empieza se come la caja entera, creo que te puede servir esa estrategia que usé yo. 

Para mí, eliminar las satisfacciones instantáneas del yo de ahora, es clave.

Me di cuenta que me funciona mejor adelantarme al mañana y tomar decisiones a largo plazo, de las que no pueda escapar en el futuro. 

Renat Gabitov
Ayudo a los líderes de opinión a compartir su fuego a través del marketing digital, creando marcas inspiradoras e historias poderosas.
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renat@cmo.onehttps://www.gabitov.com/

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